Christina-Rosenvinge-PeruLa historia de Christina Rosenvinge se remonta a aquellas épocas en que la industria de la música vivía un apogeo donde los grandes sellos andaban en busca de nuevas estrellas y tener una rubia detrás del micrófono era una oportunidad que ningún a&r astuto podía dejar pasar. Eran épocas en las que los directivos de Warner se reunían con Christina para convencerla de seguirle los pasos a Shakira o de explorar el mercado infantil como Xuxa.

Para la industria su belleza era vista como una mercancía mientras que para ella se convertía en un obstáculo que le abría puertas que no buscaba y le cerraba los caminos hacia ser considerada una compositora de peso. Como anécdota está que mientras giraba junto a Nacho Vegas, a él lo presentaba como cantautor y a ella simplemente como cantante. Lo que ella quería era seguir la tradición de los juglares y abordar la música popular desde los relatos cantados.

Pero fue esa misma industria la que la dotó del contexto necesario para que Christina y Los Subterráneos se convirtiese en el fenómeno que fue en toda Hispanoamérica. Que me parta un rayo (1992) lleva el mérito de ser un disco debut con canciones que hasta el día de hoy suenan en las radios locales. En toda esta vorágine del éxito ella sacó un disco como Mi pequeño animal (1994), una declaración de rebeldía ante la industria en la que estaba inserta.

De ahí que conocer a Steve Shelley y Lee Ranaldo de Sonic Youth fuese su oportunidad para mirar hacia América y la libertad. Es ahí donde por fin consolida su categoría de compositora que le permite tener su reencuentro feliz con el castellano luego de siete años componiendo en inglés con su trilogía de Nueva York. Así es como llegamos a la Christina de hoy en día, convertida en diosa indie que se consagra con sus últimos discos en los que demuestra madurez y profundidad a nivel sonoro y narrativo.

Su última entrega en este corte es Lo Nuestro (2015), disco que la trajo de vuelta para presentarlo en Noise de Barranco gracias a una nueva apuesta por el indie ibérico de Plastilina Records. Esta nueva placa llega con nuevos caminos no explorados en Tu labio superior (2008) y La joven Dolores (2011). Christina ha dejado de lado la onda intimista y se aventura a tratar temas más universales o incluso sociales. “Alguien tendrá la culpa” es un buen ejemplo de esto, canción con la que arrancó su concierto en Lima junto a su nueva banda conformada por Emilio Saiz en guitarra, Juan Diego Gosálvez en batería y David Ginzoun en los sintes y el bajo.

Pero no es solo en las letras que hay innovación. Musicalmente hay un encuentro con la electrónica que se nota en temas como “Segundo acto”, una de las mejores propuestas del álbum. La computadora y la programación le han servido a Christina para grabar este disco y muchos arreglos quedaron en sus versiones sintéticas. Incluso dice que algunas maquetas las trabajó desde su iPad.

Este encuentro entre electrónica y rock fue lo que nos propuso en esta nueva puesta en escena. Guitarras afiladas se cruzaron con bajos de sintetizador para ofrecernos un concierto de alto voltaje. Si es verdad que en Christina hay muchos susurros de intimidad, también hay un lado más oscuro y rockero que explican que salga vestida toda de negro y se cuelgue una Fender roja.

Su constante innovación la lleva a reinterpretar sus temas para adaptarlos a su propuesta en vivo. No solo reversiona canciones antiguas como “Mil pedazos”, sino que lo hace también con otras más recientes como “La distancia adecuada”. Christina Rosenvinge propone en vivo un verdadero viaje sónico en el que desfilan personajes con historias hechas poesía. No era de esperarse menos de alguien que hoy por hoy declara que asiste a más de diez conciertos al mes.

Sin duda alguna Christina es una de las máximas cantautoras hispanohablantes de la actualidad. Su reivindicación como letrista profunda y cargada de referencias literarias le han valido el prestigio de la crítica. Pero no por esto debemos desmerecer su pasado con Los Subterráneos. Sino cómo explicar que “Tú por mí”, “Pálido” y “Voy en un coche” sigan siendo los picos en su concierto. A los sentimientos a veces les basta un mensaje sencillo para transmitir su profundidad.

Lo cierto es que a Christina Rosenvinge los años le sientan bien. Ya no es la misma chica del siglo pasado. Los nuevos tiempos trajeron consigo el dejar el coche por la bicicleta, cuestionar la feminidad y la maternidad con “La Tejedora” y hasta burlarse de sí misma y su estatus de diva con “La muy puta”. Lo nuestro se abre paso a convertirse en su mejor entrega hasta el momento y nos advierte que tenemos Christina para rato, así que esperamos tenerla de vuelta en su próxima gira. “Atrapen a esa rubia, que le toca ya