Como toda buena banda de rock progresivo, Marillion deslumbró. Esta banda inglesa se presentó el día de ayer, martes 10 de mayo, en el Gran Teatro Nacional, complaciendo a cerca de 800 seguidores con un repaso de sus mejores temas.

Los músicos entraron a eso de las 8.40pm. Los visuales, que habían permanecido en un incesante ondeo, comenzaron a mutar hasta formar una cara que giraba, inmensa. Era “The Invisible Man”, un tema de su disco Marbles del 2004. De repente, la cara computarizada se transformó en el rostro del cantante, Steven Hogarth, quien cantó este primer tema tras bastidores. Ingresó recibido por aplausos enormes. Con él sobre el escenario la banda ya estaba completa: una batería surtida de platillos y toms al mando de Ian Mosley, un envidiable set de teclados a cargo de Mark Kelly, el gran Pete Trewavas en el bajo y el fundador y guitarrista, Steve Rothery, completaron el show.

Tocaron temas de sus más de 30 años de carrera. “Your’e Gone”, “Power” y, sobre todo, “Cover My Eyes” dejaron en claro la vigencia de esta banda. Steven invitaba al público a cantar con una sonrisa juguetona en el rostro. Valiente, el público coreó a todo pulmón. Poco a poco, los fans de verdad dejaban sus asientos y levantaban los brazos. Como hacen muchos artistas, Steven Hogarth saludaba y agradecía en español, pero luego se explaya en inglés. Antes de tocar “Easter”, un tema sobre la guerra en Irlanda, comentó que él era el chico nuevo de la banda y que aún así ya tenía 26 años con ellos. “I’m old/estoy viejo”, dijo. Y alguien del tercer piso le gritó “You Look Good/Te ves bien.” Steven, sin dudar, contestó “Thank You/Gracias”. Eso fue muy especial del concierto: la cercanía entre los músicos y el público.

Tocaron cuatro temas seguidos del disco Misplaced Childhood (1985), de la etapa con Fish, vocalista anterior a Hogarth. Estos fueron “Kayleigh”, “Lavender”, “Biter Suite” y “Heart of Lothian”. Luego vino “King”, dedicado a las estrellas del rock que ya no nos acompañan: David Bowie, Prince, Lemmy, Lennon, etc. Sus rostros y las de otros más se proyectaban detrás de los músicos. Sin duda, el momento más sentido del espectáculo.

La fanaticada fue tan potente que tuvieron se despidieron tres veces. Los cuatro últimos temas los tocaron seguidos: “No one can”, “Three Minute Boy”, “Incommunicado” y “Garden Party”. Para ese momento el primer piso del Teatro estaba todo de pie. Varios ya habían atrapado unos cuantos “pics” que Steve había lanzado y muchos estrechaban la mano de Steve, satisfechos de las dos horas de concierto.

Esta fue una iniciativa del Teatro Nacional y TQ Producciones, llamada TQ Sessions. Por medio de esta plataforma pronto tendremos a Steve Hackett & Genetics y nada menos que a The Alan Parson Project. No perdamos de vista lo que sucede en el Teatro Nacional. Es un espacio con una resonancia especial. Esta vez no solo dio la talla, sino que se confirma que en Perú podemos tener eventos musicales de primer orden.

*Crónica por Alonso La Hoz. Fotos por Fabio D. Miranda