Diana Foronda: “Ese niño que llevamos dentro, siempre debe mantenerse vivo”

El festival "No Me Sueltes" se realizará este 13 de setiembre en el Centro de Convenciones Festiva y buscará recaudar fondos para los tratamientos de la artista

La vida de Diana Foronda no es la misma hace unos meses. La vocalista de Área 7, banda pionera del nu metal femenino en Perú, fue diagnosticada de cáncer de cérvix en estadio 3. A partir de ese momento, Diana tuvo que replantearse diferentes aspectos de su vida: su relación con la música, con el trabajo, su alimentación, pero sobre todo, sus motivaciones y lo que realmente le importaba en la vida. Este sábado 13 de septiembre, se realizará el festival solidario “No me sueltes”, que contará con más de 30 bandas de la escena nacional. El objetivo es recaudar fondos para sus tratamientos médicos y, al mismo tiempo, visibilizar la importancia de la lucha contra el cáncer.

 

¿Cómo cambió tu vida a nivel emocional después del diagnóstico?

D: Todo cambia. Lo que antes me gustaba, ya no me gusta tanto. Los objetivos cambian porque muchos de ellos ya no puedes hacerlos. Mi trabajo lo hago desde mi escritorio, y cuando no puedo lo hago desde mi cama. Esta enfermedad es dura, pero te sensibiliza. Te hace ver la vida de una manera más sencilla.


Me llamó la atención un post que subiste en Instagram. En el que decías que no sirven el orgullo, la vanidad, el narcisismo ni la mentira. Lo que importa es amar tu verdad, reírte y comer papaya.

D: [Risas]. Es cierto. ¿Sabes qué pasa? Con esta enfermedad, que te acerca a la muerte y te pone en riesgo todos los días, salen a la luz las cosas que importan y le dan sentido a la vida: tu familia, el cariño y la alimentación. Antes, prefería trabajar en vez de almorzar. Ahora, lo que quiero es disfrutar de una buena comida sin vomitar. El cáncer me ha derretido cierta parte y he dejado solamente lo que importa.

 

A veces estamos tan sumergidos en el trabajo que nos olvidamos de las cosas que son realmente importantes. En el libro La Metamorfosis de Franz Kafka, cuando Gregorio Samsa se levanta en el cuerpo de una cucaracha, una de sus primeras preocupaciones es que iba a llegar al trabajo.

D:  Es así. A mí no me da vergüenza admitir que tuve una adicción al trabajo. Incluso lo he conversado con psiquiatras y psicólogos. No me bastaba con un solo empleo, necesitaba tener varios. Por ejemplo, antes de enterarme de que tenía cáncer, trabajaba en diseño gráfico con los Hermanos Yaipén, pero al mismo tiempo hacía relaciones públicas y también diseñaba para otros. Si no cumplía con esos tres trabajos, me sentía completamente insuficiente. En la oficina me decían: “¿Por qué no almuerzas?”. Pero yo sentía ansiedad, como si el día se me escapara. Prefería aguantar el hambre con tal de avanzar. Y al final, todos esos clichés que uno escucha —aliméntate bien, toma agua, duerme— resultan ser ciertos. De verdad ayudan.



¿Qué es lo que más disfrutas hoy?

 

D: Disfruto mucho cuando puedo ir a los ensayos con las chicas [refiriéndose a su banda Area 7]. Yo no puedo cantar, porque no puedo seguirles el ritmo, pero igual disfruto mucho. La música me distrae muchísimo.

También disfruto mucho de no tener náuseas. Mira cómo es la vida: a veces creemos necesitar demasiadas cosas para sentirnos satisfechos —un buen sueldo, no tener deudas, un viaje para mostrar en Instagram, tocar cada mes para sentirnos exitosos, comprar el último teléfono—. Pero cuando todo eso pasa, descubres que lo único que necesitas es no tener náuseas.

 

¿Cómo pesa el soporte emocional de tu banda?

D: Muchísimo. Las chicas me aconsejan muchísimo, y para mí es igual que un: “Te quiero mucho. Te quiero cuidar”. En el chat que tengo con la banda siempre me preguntan qué comí y si me encuentro bien.

A veces ellas están todo el tiempo trabajando. Yo les aconsejo y les digo: “No sean como yo”. Yo soy un mal ejemplo de una persona workaholic. No me permitía el tiempo para nada. No me daba espacio ni para almorzar. Y vivía orgullosa de ser así.

 


 

En una reciente entrevista mencionaste que aunque la gente te llame satánica, tú hablas con Dios y Jesús. ¿Cómo es tu vida espiritual?

D:Yo hablo con el universo. Hay momentos en los que me siento sola, y entonces comienzo a hablar. Siempre empiezo mis charlas diciendo: “Bueno, ahora que estamos tú y yo solos…”. El día de la quimio entré con muchos nervios. Recuerdo una imagen de Jesús en la pared y cómo me estaba muriendo de frío, porque la quimioterapia es así. Ese día invoqué a mis ángeles: mis abuelos. Minutos después los visualicé bajando a cubrirme del frío. Mi espiritualidad se basa en eso: conectar con el universo y con mis ancestros. Yo sé que están.


Hablemos del evento “No me sueltes” ¿Cómo se fueron sumando los artistas al cartel?

D: Todo empezó un día en el hospital. Yo quería llevar mi tratamiento en el Rebagliati, pero las máquinas se malograron. Tuve que acudir al sector privado, y es carísimo. Fue entonces cuando dije que sí o sí teníamos que organizar un evento, porque de lo contrario no íbamos a poder pagar. Al inicio pensé en algo pequeño, pero luego me fui dando cuenta de muchas cosas. Descubrí, sobre todo, que la solidaridad en el rock existe. Todavía está.


¿Por qué se llama “No Me Sueltes”?

D: Es una frase que siempre repito cuando estoy en una situación difícil. Por ejemplo, en mi chat de trabajo decía: “Estoy con gripe, ayúdenme con esto. No me sueltes”. Me gusta esa frase.


Si hoy pudieras conversar con la Diana de 14 años. ¿Qué le dirías?

 

D: Que está bien lo que está haciendo. Yo era una persona muy libre, que se vacilaba con todo. Cuando hacía trabajos en el colegio o en la universidad, me divertía y me reía. Esa disciplina extra que adopté después no me gustó. Siento que la mente siempre tiene que estar creando. Suena a cliché, pero ese niño que llevamos dentro siempre debe mantenerse vivo.

Passline - FESTIVAL SOLIDARIO X DIANA FORONDA: NO ME SUELTES

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