La escena techno ambient peruana tiene un exponente destacado en Alfonso Noriega Retto, quien está detrás de El Otro Infinito, proyecto que mantiene desde el 2014 en el sello experimental nacional Chip Musik factoría donde editó El Axioma de la Incertidumbre (2021). Se trata de una electrónica oscura de beats frondosos en atmosferas cargadas de hipnótico misterio espectral que te transportarán a un bosque futurista habitado por Autechre, Blanck Mass y Fuck Buttons. Charlamos con el también miembro de Prados Perfectos y Puna y este es el resultado.

Por Wilder Gonzales Agreda

¿Cómo describirías tu proyecto al público lego?

Música experimental para bailar, soñar, proyectarse, meditar, perturbar, fantasear, recordar… Cuando personas no familiarizadas con la “música underground” han escuchado una de mis canciones siempre les ha llamado la atención esa posibilidad de perderse en la imaginación, ya sea a través del recuerdo o la mera fantasía; creo que hay un componente cinemático / emocional cada vez más pronunciado.

Antes calificaba mi música dentro de la electrónica, se me ocurrió la etiqueta “Psychedelic experimental dance”, pero ahora va mucho más allá de ello, de un estilo particular. El último disco tiene, además del IDM y la electrónica, guiños al ambient, al postrock, el trip hop y lo tribal. También mucha psicodelia, no como estilo, sino como visión o espíritu.

En una escena como la nuestra donde la música independiente cuenta con no muchos adeptos, ¿Cómo se hace para mantener a flote un acto enfocado en sonidos transgresores?

Amor. Especialmente en nuestro contexto, dedicarse a la música y en si al arte es un acto de amor. No se vive del arte, es nuestra realidad, la música experimental no me va a dar un techo concreto, no me va a permitir dar de comer a un hijo (si tuviera uno). Entonces uno tiene que trabajar para sobrevivir, para dar apoyo o sustento a sus seres queridos, según tus circunstancias; intentas ciertas comodidades y espacio, logras adquirir instrumentos, tranquilidad y tiempo para crear. Hay que estar dispuesto a sacrificar, a ser disciplinado. Veo mucho de ello en el under. Es puro amor. Y decía: la música puede no darme un techo concreto, pero me da un hogar. A mí, a muchas de las amistades que se dedican a esto, a las personas que tienen la sensibilidad de escuchar extraños sonidos y encontrar algo de sí mismos y el mundo u otro mundo allí.

Tu último álbum, El Axioma de la Incertidumbre (Chip Musik, 2021), continúa la senda del tenebre techno abstracto que has venido cultivando a lo largo de estos años. ¿Qué conceptos, influencias y estrategias has manejado para esta ocasión?

Es un disco pandémico, definitivamente. Los ocho tracks se gestaron en los días de la cuarentena estricta y tomaron forma durante este año. Intenté brindar testimonio de aquello que considero el eje de los nuevos tiempos: la incertidumbre. La salud, un empleo, la integridad física y material (¡la vida misma!), la política, incluso los lazos emocionales (ya Bauman hace X años diagnosticó una “sociedad líquida”)… nada de esto es seguro o se puede dar por sentado. Tiempos obscuros y extraños.

Musicalmente creo que el disco abarca más estilos dentro de lo experimental, más allá de la electrónica: el postrock, el ambient; por ahí me dijeron “Las sombras de la tarde” suena a Tricky o que cada tema tiene una personalidad propia. Cuando inicié El Otro Infinito, la composición de los temas se basaba en el software. Para El Axioma fue muy diferente. No lo pensé como un álbum a tocar en vivo; muchos de los sonidos fueron generados a través de teclados, guitarras, casiotones, mi voz, monotrones; los tracks los iba grabando como si El Otro Infinito tuviera dos o tres integrantes. Hay un par de temas, “Cíclopes, Cisnes” y “Las sombras de la tarde” en los cuales el software sirvió solo como estudio de grabación y procesamiento, son puros teclados, bajos, guitarras, etc.

Hace poco diste un concierto en una locación en La Molina junto a otras bandas. ¿Cómo es la experiencia de El Otro Infinito como performance en vivo en general, antes y después de la cuarentena?

En vivo El Otro Infinito se orienta más hacia el Psychedelic Experimental Dance que mencioné previamente; trato de enfocarme en lo “bailable” de mi repertorio. Divertirme. Brindar una atmósfera más relax y distendida respecto a la de los discos, que es tensa y obscura. En los conciertos la base (por el momento) es el Ableton Live, trabajado con un controlador Novation; también una mezcladora, un casiotone, un delay y un monotrón. Si deseara tocar en vivo El Axioma de la Incertidumbre entero, pues tendría que llevar a escenario aparte de lo mencionado un teclado adicional, mi micrófono, mi guitarra eléctrica y contar o con una banda o un par de loopers que me permitan ir tocando las varias capas de instrumentos que se escuchan en el álbum. Espero ir, con el tiempo, sumando otros juguetes que me permitan un sonido más orgánico en vivo, me encantaría tener un equipo modular, por ejemplo. Por otro lado, no soy mucho de presentarme en conciertos, lo he hecho poquísimo en comparación con otros actos. Hay un tema de tiempo, por mi empleo, pero también porque siento que lo más importante es crear, componer, producir.

Tu opinión sobre la escena local.

Está desintegrada. O dispersa, porque nunca estuvo integrada. Causa tristeza porque hay muchísimos artistas talentosos, en todos los estilos, sellos de música variada, con oficio, belleza y genio. Hay muchas subescenas sin coordinación o contacto entre ellas, a veces sin siquiera saber la existencia de las otras. Cada quien va por su propio camino, vela por sus propios intereses, solo queda autopublicitarse. No tiene sentido. Todas estas subscenas están fuera del mainstream. Deberían conocerse, apoyarse las unas a las otras. Incluso dentro de la misma escena experimental la gente está dispersa, a veces hasta con rencillas.

Además de la música, ¿qué otras expresiones te apasionan?

A nivel personal, nunca pensé El Otro Infinito como un proyecto estrictamente musical, sino que abarca toda actividad artística que se me ocurra explorar en pro de hacer tangible mi visión o visiones. Antes de la música estuvo la literatura, la poesía. Siempre ha sido mi base. La poesía es música, al fin y al cabo, y viceversa. Entre los años 98 y 2006 trabajé algunas plaquetas de poesía que regalaba a la gente. Sigo escribiendo. En los últimos años he trabajado con la fotografía intervenida, tomo una foto y luego la proceso y la transformó en otra cosa. Es común me parece: en la escena experimental hay muchos artistas multidisciplinarios, que además de la música, pintan, se dedican a la fotografía, videos, escriben relatos, reseñas, poemas, realizan instalaciones, performances, etc. Si me pongo idealista/romántico, diría que el artista lleva en sí un universo que no puede cargar él solo, con su finito y perecedero cuerpo humano, por lo cual tiene que expresarlo de una manera u otra, traerlo a lo tangible fuera de sí mismo, y para ello tomará el medio necesario según contexto: la música, la pintura, el vídeo, etc.

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