Emmanuel Horvilleur presenta Pitada (2021), un proyecto audiovisual de reversiones acústicas de sus éxitos como solista y dos temas nuevos. El nuevo disco del ex Illya Kuryaki and the Valderramas cuenta Bandalos Chinos, Zoe Gotusso, Chiara Parravicini y Evangelina Bourbon como invitadas especiales.

Hablamos con Emmanuel Horvilleur para que nos de más detalles sobre su nuevo disco y proyecto audiovisual, el cual está dividido en cuatro actos/paisajes sonoros en los que el músico argentino es acompañado por un trio con quienes reinterpreta sus clásicos con nuevas versiones en clave folk.

Emmanuel también aprovechó para comentar su paso por el Perú tocando en IKV junto a Dante Spinetta y recordó los conciertos que ofreció desde el C.C. Maria Angola a finales de los 90 hasta sus más recientes presentaciones en el Cosquin Rock y Vivo X El Rock.

¿Qué alegrías te ha traído este nuevo álbum de reversiones acústicas?

Bastantes alegrías, por suerte. Fue también obviamente agarrar un puñado grande de canciones que ya había sacado previamente. Pitada es el nombre de esta experiencia que son doce canciones de las cuales diez ya pertenecen a mis discos solistas que vengo sacando desde el año 2003 en adelante. Esas diez canciones más dos canciones nuevas son las que integran este disco que fue grabado en las afueras de la ciudad, en vivo y un poco en medio de la naturaleza.

De las reversiones de las canciones que ya conocíamos, ¿hubo alguna que te llamó la atención en este nuevo formato acústico?

Un poco lo que nosotros pretendíamos era eso, darle una nueva vida en esa versión acústica, en esa versión también donde muchas veces intentamos cambiar el ritmo, el estilo de la canción y surgieron cosas divertidas, como la versión de “Radios”, que es más chachachá o la versión de “19” que es más slow todavía, más mística. Creo que todas las versiones dentro de esta búsqueda ganaron en lo suyo porque tal vez en esta situación de hacerlas acústicas obviamente que se desnudaron un poco y pasaron a tener menos instrumentos, menos producción, y eso en muchos casos le vino muy bien a la versión.

Cuéntanos sobre las dos canciones nuevas “Pitada” y “Cosa loca”. ¿Son canciones que surgieron en el contexto de la pandemia o ya venían de antes?

Totalmente pandémicas, pandemic style. De hecho, “Cosa loca” surgió mientras estábamos pensando la idea de hacer esta filmación y esta grabación. Estábamos con mi novia un día tocando y yo estaba tocando la guitarra, ella se estaba pintando las uñas, y yo estaba cantando una melodía y ella también como metió sus coritos y todo. Eso yo lo estaba grabando en el celular y después al otro día lo escuché y me gustó, me gustó el sonido, me gustó todo eso. Le hice una letra y la decidimos meter en el repertorio. Y “Pitada”, que le da el nombre al disco, también surgió en estos días de muchas veces tener que estar metidos en nuestras casas sin poder salir y bueno, uno agarra la guitarra y empieza a escribir y todo ese sentimiento de tener que estar guardados en nuestras casas también se tradujo a la canción.

Lo sexy, sensual y seductor está presente en tu identidad musical pero si uno piensa en estas reversiones más cercanas al folk, rural, campestre, se me hace que no va mucho de la mano con el lado seductor. ¿Te identificas con el rol de galán en tu identidad musical y cómo fue llevar esa identidad a este formato acústico?

Tal vez yo en alguna entrevista puedo haber dicho que siempre mi música tuvo un poco de esa sensualidad pero que se desprende un poco del estilo de la música que vengo haciendo. No porque yo sea un galán de telenovelas devenido en músico. Todo lo contrario. Creo que las músicas tienen un poco inmerso esa cosa, ese motor. El funk, el soul y esa música afroamericana tiene un poco esa cosa siempre del baile, de lo sexual, del pulso ese. No me estoy refiriendo a mi vida cuando hablo de sensualidad sino a cómo me gusta que los sonidos se entremezclen y cómo me gusta verme influenciado por esto que te estoy diciendo. Por otro lado, no quita que eso también se traduzca en una versión acústica porque el pulso y esa cosa también sigue estando. Tal vez en vez de tener sintetizadores tenga una guitarra acústica pero esa guitarra acústica también la vamos a intentar tocar con cierta sensualidad y cierta cosa porque es algo que busco en mi música. Podría darte una larga lista de artista que me influencian por ese lado: Sade, Marvin Gaye o Prince. Estos músicos que tienen esta cosa impresa en la música.

Claro, esas referencias a los 70 y los 80 con el r&b, funk y soul. Pero esta es una época ya bastante lejana y si hablamos del siglo XXI, uno de los cambios culturales más importantes que hemos tenido es el auge del feminismo y el movimiento “Me Too” que ha hecho que muchos se cuestiones la masculinidad y las relaciones de género. ¿Estos ha hecho que deconstruyas o reflexiones sobre esta identidad musical que se plasmaba en estos géneros?

Sí, obviamente que uno está dentro de esta sociedad y uno está con el radar puesto en la evolución y en hacerse eco de todo este tipo de cuestiones que acabas de nombrar. Ayer estaba viendo un documental muy bueno de todo lo que pasó en la música en el año 71 y mostraba también los movimientos feministas y es algo que si uno se lo pone a pensar, vienen de hace 50 años  el feminismo en el mundo o más, pero digo activo viene hace mucho tiempo. Son movimientos que vienen a abogar también por la justicia social y los derechos y para mí todo lo que tenga que ver con eso, construyo un mejor mundo. No vine a embarrar la cancha. Desde ya que uno tiene en consideración todas esas cosas y uno se desconstruye en lo que piensa que se tiene que deconstruir o en lo que entiende que se tiene que deconstruir. No es una cuestión de tampoco tirar abajo todo lo que uno es porque la música no va por ahí. La música tiene que aportar libertad y tiene que aportar esa conciencia, por lo menos desde mi lado. Cuando uno tiene un encare sensual o sexual, es un encare que está en consideración con todos estos cambios y también es participe la compañera de uno en eso. No es una cosa de tributo a uno y la masculinidad. Por el contrario, es una cosa de unión de los mundos en pos de algo mejor. Así lo concibo yo en mi música.

Hablabas de Marvin Gaye y pienso en What’s Going On, un ejemplo de abordar temáticas sociales desde este género musical como es el r&b y la música afroamericana. ¿Tú abordas temáticas sociales en tu música?

Sí, los tengo. Tal vez son frases o cosas que se cuelan en una canción. Digamos, no soy un cantante enfocado en lo social de lleno pero siempre está ahí volando un poco esa cosa de plasmar lo que nos rodea, el lugar donde vivimos. Eso no queda fuera de mi música.

¿Tienes un ejemplo de alguna letra?

En “Cosa loca” pido “que los pueblos se levanten, poder ver al fin esa sonrisa mundial”. Tiene que ver, ni más ni menos, que haya igualdad. Mientras no haya igualdad, no se luche porque este sea un lugar para todos, no va a ser un lugar tan disfrutable el mundo. Mientas unos se puedan vacunar y otros se mueran en la puerta de los hospitales, no va a ser un lindo lugar. Desde ese lado uno también escribe cosas que se cuelan en una canción que tal vez no es una canción social. Si está esa frase y si la siento, la voy a decir. De eso se trata. Para mí la música y el arte tienen que ver con la honestidad de uno. Ser honesto con lo que uno es y con lo que a uno le sale artísticamente. No creo tampoco en un tipo que escribe como si fuera un panfleto político o hago una canción que se llame “Me Too” y después soy un feo con las mujeres. Hay que ser honesto en la música, en la vida y escribir desde un buen lugar.

Si seguimos hablando del contexto actual y la crisis que enfrenta la música a partir de la pandemia, se me ocurre que tú, por venir de una familia con una larga tradición en la música y la cultura, y las historias de Illya Kuryaki que de niños Fito Páez les contaba historias de sus giras para ir a dormir, has tenido una posición bastante privilegiada dentro del mundo de la música y poder codearte con la aristocracia del rock argentino. ¿Cómo te afectó esta crisis y si esto ha hecho que entres en conciencia sobre algunos privilegios que tenías?

Yo creo que la comunidad artística musical en el mundo ha quedado bastante relegada en este último tiempo. Tal vez la gente que tiene una carrera más armada desde las redes sociales tiene un poco más de posibilidades pero los que vivíamos de tocar en vivo en los shows, que somos muchos, estamos en esta cosa totalmente en pausa. Los privilegios a los que haces referencia, sí, obviamente… la palabra aristocracia del rock no sé si se ajusta muy bien porque siempre fue una cosa más bohemia y la aristocracia vive desde otro lugar la vida. Nosotros hemos tenido un valor agregado que justamente es el que vos haces referencia de haber tenido contacto con músicos increíbles desde chicos y ver eso de cerca en ensayos y situaciones pero eso no es una cosa que, digamos, no somos reyes de nada. Somos reyes musicales pero nada más, digamos, recibimos esa cosa.

Sí es un momento duro para la escena musical del mundo, imagino que allá en Perú debe pasar lo mismo. No se puede tocar en vivo. No solo los músicos como yo que tal vez podemos tener una cosa un poco más armada, pero después hay un montón de gente que labura en los escenarios, músicos que acompañan a otros músicos, están viviendo un momento donde también tuvieron que ingeniárselas para poder subsistir y salir adelante. Ojalá esto pronto mejore. Yo sigo teniendo esa esperanza que pronto podamos volver a tocar. En casi dos años yo hice un solo show y por suerte tuvimos la posibilidad de hacer Pitada, que es un poco la respuesta a este momento duro de nosotros de no poder tocar. Pitada fue también darle trabajo también a bastantes compañeros con los que vengo en la música hace mucho tiempo y también disfrutar la música, que es lo principal.

¿Qué experiencias nos puedes contar sobre tu paso por el Perú para tocar con Illya Kuryaki & The Valderramas?

Siempre ha sido muy loco estar en Perú. Desde acá miro tres espejos que tengo. Cada vez que voy a Perú compro uno en esos mercados de artesanías que están buenísimos. Siempre me llevo los tés de canela y clavo, cajas grandes, o los mates de coca también. Siempre me gustó Perú desde ese show que hicimos en el 96 o 97 en el Centro de Convenciones María Angola. Después tocamos también en el Cosquin Rock. Hemos tocando también con Jamiroquai en el Estadio Nacional, que fue un show muy bueno nuestro y muy grande en Perú también. Es un lugar que con Dante, con Kuryaki amamos y que obviamente me encantaría poder visitar en plan solista en algún momento. La cumbia peruana también fue algo que nos encanta, la cumbia amazónica. Y ese sonido muy vieja escuela de guitarras con efectos del surf rock y toda esa cosa que ahora en el documental del rock aparece esa banda, Los Saicos, precursores del punk y toda esa cultura de ese sonido que siempre me encanta. Tal vez me falta profundizar en la nueva escuela, que imagino que habrá también artistas porque hay en todo el mundo. Ojalá que podamos volver y poder hacer ese turismo gastronómico que tan bueno está siempre hacer.