Por Danielefecto

Desde antes que el Estado promulgara la resolución 321-2020, ya había shows presenciales y no nos hagamos de la vista gorda. Conciertos disfrazados de cenas, shows con aforo reducido en bares y otras presentaciones en vivo para empresas particulares con público en autos, sin fiscalización y con dudosas medidas de seguridad. Muchos incluso antes que la resolución ministerial sea pública.

Luego llegaron los protocolos y con ello los shows se volvieron públicos porque, claro está, hay un papel que respalda a los organizadores. Aquí nace la pregunta: ¿realmente se cumplen las medidas de bioseguridad?

Conocida es la informalidad, la viveza local y de otras ciudades para pasar por alto cualquier norma. Penosamente el Estado no se da abasto para supervisar cada show y por eso se pasa por un pedido a las municipalidades a fin que den la autorización. Algunas han accedido, otras no, como la Municipalidad de Comas y el caso de Armonía 10, y allí viene el gran problema:

“No nos dejan trabajar, ¿por qué hay protocolos si no nos van a dejar organizar shows?”

Aquí hay posiciones que discrepan:

“Los privilegiados”

Son personas que tienen un trabajo convencional y la música es su hobbie o su pasatiempo y no les afecta si no hay conciertos. Para ellos es fácil asumir una postura responsable sobre la reactivación de los conciertos. Solo coincido con ellos en la crítica hacia la falta del cumplimiento de protocolos de bioseguridad.

Los que viven de la música

Son los músicos, managers, productores y demás actores dentro de las escenas musicales cuyo trabajo de tiempo completo es la música. Aún así haya protocolos, su trabajo se ve limitado por el aforo y las restricciones de consumo. Los ingresos económicos bajo estos términos afectan el ya precario y volátil negocio de la música en vivo.

Sumado a eso hay dos antecedentes que juegan en contra. En primer lugar, la falta de supervisión en la implementación de protocolos deja cabos sueltos y lugar a irresponsabilidades. En segundo lugar, la nueva cepa y el aumento de contagios. ¿Es necesario exponernos en estos momentos? ¿Qué dice, justamente, este bloque ante otras actividades económicas?

“Los centros comerciales, los restaurantes y otros sitios sí congregan más gente”

¿Tienen razón? Sí, la tienen pero se debe considerar que comprar comida, ropa, calzado, o lo que sea, se supone que es una necesidad y el hecho de ir a un concierto no se considera como tal, no en este país y menos bajo el contexto que vivimos. ¿Es el arte una necesidad esencial para las personas?

“No hay apoyo económico”

En realidad sí los hay, pero no todos están de acuerdo con los beneficiados. El dinero sigue llegando a unos cuantos. El trámite burocrático es bastante lento y uno queda a expectativa de resultados. ¿Y mientras tanto de qué se vive?

Entonces… ¿Deben darse los conciertos presenciales? Si los casos de contagio siguen aumentando, si sabemos que las camas UCI están agotadas, si no queremos exponernos ni exponer a otros, si conociendo la idiosincrasia peruana, “la viveza” y la informalidad que puede haber en algunos shows (y que ya hubo) por la falta de supervisión, ya tienen la respuesta.

Muchas personas vinculadas a la música han optado por incursionar en otros rubros como la comida o clases de alguna materia, porque alimentarse y educarse parece más importante que la experiencia colectiva de participar de la música en vivo. Ojalá una crisis se convierta en una gran oportunidad para encontrar nuevas formas en las que las artes, y todos sus actores, puedan seguir subsistiendo.